• Diana Fuior-Ionica

La cooperación en familia - una cuestión de autodeterminación



Transcripción del podcast:


Hola familia! En el último episodio estuvimos hablando sobre maneras de replantear el comportamiento de nuestros hijos desde una visión centrada en ellos, desde sus vivencias y en las etapas de desarrollo que atraviesan. Si no lo has escuchado te animo a hacerlo y a contarme cuáles son esos momentos difíciles de gestionar en tu casa.


Y hoy vamos a compartir algunas reflexiones y estrategias que nos pueden ayudar a obtener la cooperación de nuestros hijos. Antes, te diré mi opinión honesta en cuanto a la cooperación: aunque es lo que todos los padres deseamos (porque es realmente difícil criar a un hijo que te lleva la contraria constantemente, ¿no?), te comparto mi convicción más oculta (esa que mis hijos no sabrán hasta que tengas algo más de años jijiji)....llevar la contraría a tus padres y querer hacer lo que uno quiere en cada momento es lo más normal y lo más sano (sobre todo para un niño pequeño), es lo que toca para aprender a gestionar esas situaciones conflictuales. Y ya puedes adivinar de quién aprenden nuestros hijos a gestionar los conflictos… Ninguno nacemos sabiendo cooperar, o satisfacer las necesidades y deseos de los demás … todo lo contrario … nacemos en una fase egocéntrica total y para entender lo que alguien quiere tienes que haber experimentado primero que es lo que tú mismo quieres y necesitas. Por lo tanto, la etapa infantil considero que debería de ser la etapa en la que uno mismo aprende sobre sus propios deseos y sus propias necesidades, estar muy en contacto con uno mismo favorecerá luego abrirse hacia los demás y saber la importancia que tiene el sentir que recibes aquello que necesitas.

¿Quiere decir con que hay que hacer absolutamente todo lo que nuestro hijos deseen? Sería ilusorio...muchas veces ni es posible. Lo que quiero decir es que la cooperación se aprende viviéndola, experimentandola, vivenciandola. Me explico: lo básico en una relación de familia sana, es que si quieres que tus hijos aprendan a cooperar, tienen que ver en su entorno como es eso de cooperar (colaborar), que pinta tiene. O sea, que nosotros tenemos que colaborar con ellos (y con otra personas de nuestro entorno - con nuestra pareja, con los abuelos, los tíos etc...): escucharles, hacerles caso, tener en cuenta sus opiniones, gustos y preferencias, respetarles…. en definitiva hacer nosotros todo eso que queremos recibir de vuelta. Aunque eso no significa precisamente que ellos lo vayan a hacer automáticamente. Sin embargo transmitir el lema “Trata como te gustaría que te tratasen” me parece sano, ético y valioso.

Con esto en mente, vamos a hablar sobre lo que solemos hacer (a gran escala o de manera tradicional, vamos a decir) para obtener la cooperación de nuestro hijos. Los métodos “tradicionales” vamos a decir (o que desde hace mucho y por muchas personas se utilizan) para obtener la cooperación incluyen: el soborno, las amenazas, los engaños, los castigos.

Estas estrategias tienen ciertas consecuencias y transmiten algunos aprendizajes y creencias a los hijos. No nos centraremos ahora en estos detalles, encontrarás más sobre esto en el blog En Familia (te he dejado el enlace en la descripción).

Lo principal de estos métodos es que crean distanciamiento y desconexión, y aunque a corto plazo puede que den los resultados que buscas (esa cooperación sin mucho rechistar que los padres buscamos para simplificar un poco nuestras vidas), a largo plazo el coste no considero que compense.


Los seres humanos buscamos cooperación, conexión y ante nada buscamos nuestro propio bienestar (antes que el de otros, no nos engañemos), y funcionamos mejor si nuestras necesidades básicas están siendo satisfechas, cubiertas, si tenemos nuestro “cubo” lleno. Si no sabes de lo que te hablo cuando digo cubo, mira en el blog la sección de recomendaciones de lectura, allí verás que recomiendo el libro infantil “¿Has llenado una cubeta hoy?”, en su título original en inglés: “Have you Filled a Bucket Today?”, escrito por Carol McCloud e ilustrada por David Messing.

Partiendo de la idea que tenemos la suerte de tener nuestras necesidades más básicas cubiertas: la de alimentación, descanso, salud….vamos a hablar sobre las 3 necesidades psicológicas innatas de las personas. Las reflexiones que comparto hoy contigo hacen un guiño a la teoría de la autodeterminación que desarrollaron Richard Ryan y Edward Deci, que decían que las 3 necesidades psicológicas básicas motivan a uno mismo para iniciar el comportamiento y representan los nutrientes esenciales para la salud psicológica y el bienestar de una persona. Vamos, que hay 3 necesidades innatas, que si están siendo satisfechas, permiten el funcionamiento óptimo y el crecimiento.

  1. Una de ellas es la necesidad de relacionarse (de conectar me gusta más a mi decir). No se trata solo de relacionarse, sino de hacerlo de manera significativa, de conectar con otras personas, de amar y de sentirse amado de manera incondicional, de pertenencia (a una familia, a una comunidad), la necesidad de dar y de recibir, de contribuir, de experimentar el cuidado de los demás.

Los niños expresan esta necesidad a través de comportamientos del tipo “llamar la atención” (solemos decir), a veces de manera “negativa” digamos (hago cosas que sé que no están permitidas para que me hagan caso) o llaman la atención de manera “positiva” (“te he hecho un dibujo”, “mira lo que hago”), o con contacto físico, abrazos, besos...buscan la conexión con nosotros.

  1. Otra de las necesidades psicológicas básicas es la competencia, la necesidad de saber y ver que soy capaz, de crecer y desarrollarse como persona. Cuando ésta necesidad está satisfecha los niños suelen adoptar una actitud de curiosidad, de autosuperación, enérgica, aparece el deseo de “quiero volver a hacer esto que he hecho aunque me ha parecido difícil”. En el polo opuesto está la actitud “no puedo”, “no sé hacerlo”.

  2. La tercera necesidad psicológica básica es la autonomía, el control: quiero tomar decisiones, quiero llegar a elegir, ser la fuente de mis acciones. Es una de las principales necesidades responsables de la falta de colaboración en nuestras casas. Cuando no está satisfecha lleva a actitudes del tipo “¡No quiero!”, “¡Déjame en paz!”.


Cada persona tiene alguna de estas necesidades dominante. Hay personas que necesitan sentirse conectadas sobre todo para “funcionar” bien digamos, otras que necesitan sentirse capaces, hacer las cosas por sí mismas, y otras que necesitan sobre todo ser las que tienen el control, tomar las decisiones.

Observando y viviendo a diario con nuestros hijos, vamos a saber qué es lo que más necesitan para estar en equilibrio. Si encontramos momentos y espacios para conectar con nuestros hijos (y ellos con nosotros - esto es una vía de doble sentido), si les dejaremos ser y hacer lo que quieren ser y hacer (dentro de unos límites de seguridad que como adultos tenemos la responsabilidad de establecer), si les hacemos partícipes en la toma de decisiones familiares (aquellas que sí pueden tomar) ya habremos conseguido cubrir una gran parte del camino hacia la cooperación familiar. Hay algunas acciones y actitudes que también nos pueden ayudar en este camino.


La primera es la planificación...sí por muy banal y sencillo que pueda sonar, la planificación puede ayudar muchísimo en la labor de la cooperación familiar. Saber con antelación el qué, el cuándo y el cómo es un punto de apoyo tanto para padres como para niños. La planificación puede dar lugar a aquellas rutinas que muchas personas necesitan, dar ritmo y fluir a nuestros días. Además puede satisfacer la necesidad de control, sobre todo si implicamos a los niños en el momento de planificar, de establecer ciertos horarios y ciertas actividades. Ahora muchos de vosotros diréis: “Es que Diana ¿de qué me estás hablando? Planificar?!? Si es que apenas consigo mantenernos a flote...no tengo tiempo de planificar.” Te entiendo...yo también tengo dificultades a la hora de planificar...con práctica me doy cuenta de que estoy mejorando poco a poco. Pero los días en los que tenemos una mínima planificación no se parecen en nada a otros días. Además, como decía, es prácticamente una herramienta para satisfacer una parte del control que los niños mismos necesitan tener. Otra cosa que se puede hacer para dejar a los niños algo más de control es dar alternativas, variantes, para que puedan elegir en el momento de establecer límites. Por ejemplo: “Te quieres lavar los dientes ahora o después del cuento”, “Te quieres bañar antes o después de cenar”


En cuanto a la necesidad de competencia, implicar a nuestros hijos en las tareas familiares es un clásico. Ya se que lo de pasar la aspiradora con un niño de 2 años puede llevarnos cuatro veces más tiempo que lo normal, o que una ventana queda peor de lo que estaba al principio si la limpia un pequeñin. Sin embargo seguramente encontraremos tareas que estamos dispuestos a dejarlas en manos de nuestros hijos.


Para satisfacer la necesidad de conexión, ya sobra decir que necesitamos pasar tiempo juntos, hacer actividades juntos, que tanto a unos como a otros nos gusten y nos conecten. Algo más potente que podemos practicar es conectarnos y acompañar en los momentos “volcán”, aquellas situaciones difíciles que los padres a veces intentamos evitar...vamos...cuando solemos todos montar un pollo.


¿Tu saber calmarte? ¿Puedes permanecer en calma aún cuando algo no sale como te gustaría? Yo se que a mi me cuesta muchísimo y es básicamente lo que pedimos muchas veces a nuestros hijos y sería importante que lo vieran para poder ponerlo en práctica. Muy difícilmente enseñaremos a los hijos recuperar la calma después de unos momentos de rabia si nosotros no lo podemos hacer, solo podemos enseñar lo que llevamos dentro. Permanece cerca y disponible cuando hay una descarga emocional, cuando las cosas no salen como a tu hijo le gustaría y lo expresa por todo lo alto. Empatiza, intenta ponerte en su lugar. Eso no significa que siempre hay que hacer lo que un hijo desea para evitar “el pollo”...significa que le entiendes y se lo haces llegar. Los adultos tenemos mucho poder de decisión - y en muchos casos así tiene que ser, es nuestra responsabilidad. Sin embargo ser niño y tener que cumplir casi siempre con lo que otros deciden tampoco es fácil. “Estoy aquí! Te entiendo! Esto te ha hecho enfadar mucho! Veo que no te gusta la decisión que he tomado!” Cualquier frase corta que puedas pensar incluso con antelación para mostrar tu disponibilidad y que transmita calma, seguridad, amor, comprensión. Muchas veces solemos gestionar las rabietas con castigos o time-outs “Vete a tu cuarto hasta que te relajes!” “No me grites! Vete a la silla de pensar” o cualquier otro tipo de castigo que todos los padres hemos pecado alguna vez en adoptar. Sin embargo, te propongo practicar, todo lo que puedas, maneras que lleven a la calma, no al castigo. El propósito debería de ser calmar al niño de una manera positiva. Y si el propósito es calmar, primero hay que conectar, hay que empatizar, hay que entender y hay que acompañar.


Hasta aquí para este episodio ...gracias por escucharme ...te invito a transmitirme tus reflexiones, dudas o consultas al correo electrónico enfamilia@asociacionpsicopedagogia.com


Hasta la próxima entrega te dejo de nuevo el lema que inspira este proyecto …

SI TE ATREVES A CRIAR, NUNCA DEJES DE CRECER


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